Lunes 24/11/14 SANTORAL:Andrés Dung-Lac y compañeros mártires, Crisógono, Flora y María, Protasio
Lo que vemos todos los días no nos admira, aunque sepamos por qué sucede. Cicerón, Marcus Tullius Cicero.(106-43 AC); político y escritor
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Depresión y miedo son los primeros síntomas del maltrato

Los médicos y educadores, los que antes detectan las situaciones de violencia infantil
La Razón

Aislamiento, síntomas depresivos, miedo, fobias, pesadillas, inseguridad, agresividad, problemas de integración y rendimiento escolar, trastornos de comportamiento, ansiedad, dificultad en el manejo de emociones y expresión y, lo que resulta aún más preocupante, tendencia a repetir los patrones de violencia vividos en su familia, ya sea como agresores o como víctimas. Estos son sólo algunos de los efectos que sobre los niños tiene la violencia doméstica.

El maltrato infantil no siempre es fácil de detectar, no se trata de una ciencia exacta. Ahogados en la más absoluta indiferencia y en la soledad de la videoconsola viven muchos niños cuyos padres llegan a pensar que no les afecta el terror doméstico de gritos, reproches o algo peor. Lo habitual es que los padres busquen todo tipo de excusas, pero poco a poco la violencia se hace evidente para médicos, vecinos y educadores que son los primeros en dar la voz de alarma. La creencia extendida de que «los trapos sucios se lavan en casa» o el miedo a sufrir cualquier tipo de represalia por parte de la familia provoca que las personas allegadas a la víctima no denuncien los malos tratos. Sin embargo, «es necesario que la gente sepa que no tienen que dar su identidad, sólo tienen que notificar unos hechos», asegura Javier Urra, psicólogo forense.

Existen una serie de indicadores, tanto físicos como psíquicos para reconocer posibles casos de malos tratos en niños, afirma Urra. Entre los primeros, el médico establece la aparición de contusiones en muñecas, hombros o alrededor del abdomen; lesiones en la cabeza o la cara; arañazos y quemaduras en lugares poco frecuentes producidas por objetos o líquidos muy calientes. Además, todos estos casos que suelen aparecer por pegar a los niños, los médicos también los detectan al atender a los menores porque las lesiones y las situaciones que refieren las personas adultas que los acompañan no coinciden con el estado del menor o hay lesiones antiguas.

Para un vecino, un profesor o un familiar, que no tienen la posibilidad de reconocer a un niño, es mucho más difícil si cabe descubrir que un menor está sufriendo malos tratos dentro de su entorno familiar. La actitud huidiza de algunos niños, con un miedo inusual a que se le acerquen los adultos, o las señales físicas en diferentes estados de cicatrización son algunos de los síntomas, según los psiquiatras y psicólogos infantiles consultados por este periódico, que una persona puede apreciar después de tener breves contactos con la víctima. Todos estos son los síntomas que presenta un niño que ha sufrido un daño físico o psíquico de forma continuada, pero en el caso de un menor agredido sexualmente puede que además éste se lave las manos de forma continuada y compulsiva, que tenga un vocabulario soez o que maneje conocimientos sexuales inapropiados para su edad.

Según los expertos, la mayoría de los niños maltratados suelen ser menores de familias muy desestructuradas, con muchos problemas de comunicación o que viven situaciones sociales complejas, que provocan que los padres no estén capacitados para cuidar de ellos. En esta situación estarían bebés que se quedan en casa solos muchas horas y a los que nadie da el biberón en todo el día, o mujeres que tienen muchos hijos y no son capaces de cuidarles porque sufren problemas mentales. Estos últimos casos son detectados en mayor proporción por los médicos, aunque son también los vecinos del menor los que denuncian este tipo de situaciones.

Uno de los informes presentados por la Fundación Anar establece que cuando se estudian las situaciones de los menores asociadas al maltrato, tanto niños como adultos cuentan que en su entorno se dan por el siguiente orden: consumo de alcohol, maltrato físico, consumo de drogas, problemas psicológicos agrupados (ansiedad, depresión, intento de suicidio...), maltrato psicológico, trastornos psiquiátricos, dificultades de relación familiares y dificultades de relación entre los padres.

Pero si aun con todos estos síntomas no somos capaces de darnos cuenta de que un niño está sufriendo malos tratos, los expertos dicen que hay que escuchar a los niños, demostrarles cariño y confianza, porque ellos nunca mienten y, si en alguna ocasión lo hicieran, será inducidos por algún adulto.

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