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Jueves 23/02/17 SANTORAL:Antonio, Celso, Florencio, Félix, Lázaro, Marta, Milurga, Ordoño, Policarpo, Primiano, Rafaela Ibarra, Romana, Sereno
Dadme un punto de apoyo y moveré la tierra. Arquímedes.(¿285-212 a. C.); matemático, físico e inventor griego

PLAYAS DE SANTANDER

Son muchas, la mayoría urbanas y están, casi todas, muy bien comunicadas, por estar en la capital, en su Bahía, o en sus cercanías. La costa abierta del municipio, ocupada por tres de sus barrios –San Román, Monte y Cueto-, separados por una larga vaguada que atraviesa la Autovía a Torrelavega, está algo distante de la capital; en esta costa hay, al menos, tres playas: la de La Virgen del Mar –en San Román- y las de La Maruca y El Bocal –en Monte.

 La primera, la de La Virgen del Mar, no llega a los 400 ms, y tiene cerca, en su norte, la Isla del mismo nombre, unida por pequeño puente, donde –en, también, pequeña ermita- se venera a la Patrona del municipio; esta Isla la defiende del fuerte oleaje de esta zona norte, y aumenta su singular atractivo; tiene alguna roca, con fina y dorada arena, y la limpieza y vigilancia –en todo el verano- son completas; además, buen acceso y fácil aparcamiento.

La segunda, siguiendo la costa hacia el este, es la de La Maruca, bastante menor, de unos 120 ms., también con roquedales, y algo defendida del nor-oeste por el saliente de La Punta La Mesa, que no evita el, a veces, el fuerte oleaje y los cambios de sus arenas –siempre finas y doradas; en verano con limpieza diaria, vigilada y protegida; es posible la pesca, y los perros –como en todas- están prohibidos; tiene buen acceso y fácil aparcamiento.

La tercera (aunque, entre una y otra, se encuentran las lastras de Rosamunda o de La Piscina), en esta misma línea de costa –y cercana- es la playa de El Bocal, un poco mayor, 200ms., algo defendida del fuerte oleaje del Cantábrico, y también con arena fina y dorada; buena limpieza y vigilancia, pero no con parking; también se practica la pesca y es posible hacer deporte; su acceso es más complejo que el de La Maruca.

Siguiendo la costa hacia oriente, se ve, aun de lejos, el saliente de Cabo Mayor, con su Faro y, ya girando hacia el sur, el Cabo Menor; es la entrada a la gran Bahía de Santander, donde se encuentran las playas mayores, las más visitadas, ya urbanas; pero antes, en su comienzo, aún hay dos playas,  Mataleñas y Los Molinucos.
 La primera, de unos 230 ms de longitud, encajonada en un gran desnivel, pero con pendiente suave, tiene ya fácil acceso por la carretera del Faro –y hay parking cerca; con finas y doradas arenas, aunque con bastante oleaje –el mar abierto está aun muy cerca-, tiene excelente limpieza y vigilancia (se le ha concedido Bandera Azul); y  no hay deportes ni pesca.

 Cerca está la aun más pequeña playa (150 ms.) de Los Molinucos  (en la finca llamada de Mataleñas), sólo con acceso peatonal -bordeando la costa- y sin parking; de fina y clara arena –no le falta limpieza-, con la sola prohibición de los perros; está ya casi en la Bahía y con fabulosas vistas.

Al poco de dejar la playa de Los Molinucos, en su adentramiento hacia la Bahía, las famosas Playas del Sardinero están ya totalmente a la vista. La primera que se encuentra es la llamada Segunda Playa, de 1 km de larga y de bastante anchura –aún en pleamar-, con finas y claras arenas, y espacios para deportes; con plena vigilancia y buena limpieza (tiene Bandera Azul); es ya playa urbana, con varios accesos, principalmente por el Parque de Mesones, y con gran zona para aparcamiento.

Continúa la llamada Primera Playa, sin más separación que el bello promontorio de los Jardines de Piquío, que sólo las aísla en las pleamares; más reducida en longitud –menos de 350 ms-, es también de arenas claras y finas, y de excelente vigilancia, protección y limpieza (también tiene la distinción de Bandera Azul); es, con mucho, la más concurrida de todas; sus accesos –con o sin escaleras- se encuentran en la zona más céntrica, la Plaza de Italia; hay muchas zonas de aparcamiento, pero -en verano-, no suficientes para tanta demanda –aunque, casi todos autobuses de la ciudad, llegan hasta esta Plaza.

La llamada Playa de La Concha es, también, una continuación –en esa penetración de la costa hacia la Bahía- y aún con menos separación, pues ni siquiera ocurre con la marea alta –salvo con algunas pequeñas rocas que con la bajamar se engrandecen; si no se accede por la Primera, a ella sólo se llega por escaleras, que arrancan ya del largo Paseo de Reina Victoria –que circunvala a la Bahía hasta casi el centro de la ciudad –sus pequeñas conchas le dieron el nombre –es también, una de las más frecuentadas.

También por Reina Victoria, pero bajando a un pasaje en paralelo y con aparcamiento, se accede a la Playa de El Camello –una cercana roca, que recuerda a ese animal, le ha dado el nombre; también con la misma vigilancia, protección y limpieza –todo, especialmente, en verano-, y las mismas finas arenas; es algo más larga –unos 500 ms-, y también tiene Bandera Azul; la grande y bella Península de La Magdalena, con abrupta costa, está ya, de inmediato, en su derecha.

Esta Península cierra mucho y limita la Bahía y, en su zona sur, vuelven a aparecer las playas; la primera, con entrada por la misma Península, es la Playa de Los Bikinis (las estudiantes extranjeras de mediados del pasado siglo ocasionaron el nombre); como todas, en verano, está vigilada, protegida y limpia; con acceso peatonal, parking cercano y con algunas rocas que la separan de la siguiente playa.

Unida a ella, pero mejor comunicada –por Reina Victoria-, es la Playa de la Magdalena; la Península la defiende de los vientos y la suaviza el clima, convirtiéndola en playa familiar, concurrida durante más tiempo; d buena limpieza y vigilancia y propicia a todos los deportes; tiene arena fina, pero que pierde con las fuertes marejadas, descubriendo mayores rocas.

Como una continuación -y ya no tan cerca del Paseo de Reina Victoria, que se aleja un poco en una costa algo más pendiente-, existe la última playa deo occidente de la Bahía –hay una artificial en su final, en el municipio de Camargo, y otras, muy grandes, en su oriente-, se la llama de Los Peligros, pero hace tiempo que no existen; tiene poco más de 200 ms, es de buen acceso y con parking; como todas, de arena dorada y fina, vigilada y limpia, pero no permiten los deportes; es la más urbana, está ya en el centro de la ciudad –cercana a Puerto Chico-, y se accede siguiendo los muelles –detrás del Museo Marítimo-, o por el comienzo de Reina Victoria –Promontorio de San Martín.

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